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Gatoseando - ONESHOT

Saga y Kanon gatoseando.


Cuando Saga se despertó aquella mañana supo que algo era diferente incluso antes de abrir los ojos. Estaba acostado en posición fetal y notaba un cuerpo cálido junto al suyo. Podía oír el latido de otro corazón, parejo al suyo.
Tu-tum, sonaba, retumbando contra el colchón y dándole un ritmo relajado pero fuerte al que seguir. Tu-tum. Saga abrió los ojos lentamente. Sus pupilas recogieron la escasa luz en la habitación, permitiéndole ver.

—¿Uhm? —se incorporó, tallándose un ojo porque no podía creer que estuviera viendo en la oscuridad— ¿Qué demonios...?

Saga volvió a frotarse los párpados, esta vez con fuerza, pero al abrir los ojos el resultado fue el mismo.
Se levantó de un salto, casi cayéndose porque el sueño aún hacía mella en su cuerpo. Por algún milagro su cuerpo recuperó el equilibrio con facilidad, tal vez con demasiado facilidad. Saga frunció el ceño, aquella mañana estaba llena de misterios. Tal vez la luz del sol le ayudaría a remediarlos, o al menos a ver las cosas más claras.
Rodó los ojos ante lo obvio de sus pensamientos. Notaba como le picaba la oreja, allá en lo alto de la cabeza. Saga frunció el ceño un poquito más y descorrió las cortinas con un movimiento rápido, casi dramático. La tela voló, apartándose del camino de los rayos del sol, llenando la habitación entera de luz.
Kanon se estiraba en la cama, sentado sobre sus rodillas y con los ojos bien cerrados. Saga se rascó la cabeza, haciendo que una de sus orejas bailara con un tic de nerviosismo.

—¿Qué haces en mi cama, Kanon? —preguntó Saga aún con su cara matutina de cafeinómano— Creía que habíamos pactado no vernos.

Kanon relajó su cuerpo, dejando caer los hombros hacia delante y mirando de un lado a otro mientras se rascaba el vientre bajo la camiseta desgastada que usaba de pijama.
Abrió la boca para hablar.

—Miau.

Saga arrugó la nariz.

—¿Miau? —preguntó.

—No, no... miau no —corrigió el menor—. Miau.

Kanon se llevó las manos a la cabeza y empezó a rascarse el cogote. De lo alto de su cabeza aparecieron dos masas de pelo negro. Saga puso cara de terror, echándose un poco hacia atrás.
Plop, hicieron los dos triángulos, revelando su condición de orejas. Saga se llevó una mano al pecho, la comisura izquierda de su boca se elevó un poquito más, su ojo tembló un par de veces y notó algo detrás de su cuerpo haciéndole cosquillas en la espalda, pero no le dio importancia.

—¿Q-qué... qué...?

Kanon se estiró otra vez y Saga pudo ver una cola peluda y negra emerger de entre las sábanas para unirse al festival de los músculos tensos. La cara de Saga se puso un poquito más blanca. Kanon paladeó su propia saliva, decidiendo que no sabía tan mal para no haberse lavado los dientes la noche anterior. Bostezó perezosamente. Sus dientes parecían más afilados que nunca.

—¿Pasa algo? —preguntó mirando a Saga y moviendo la cola feliz— No tendría que estar aquí, ¿verdad? Pero quería...

Saga estaba apunto de un ataque de nervios. Aquello no tenía sentido. Y Kanon estaba ahí, tan contento, en su cama.

—Fuiste tú el que propuso no vernos más. Y eres tú el que últimamente grita por cualquier cosa. —echó Saga en cara, presa de una sinceridad brutal imbuida por el shock.

—¿Y qué? —Kanon se encogió de hombros y luego se lamió el dorso de la mano diligentemente.

Saga notó a su corazón acelerarse y su cara recuperó el color que había perdido de golpe.

—M-miau... —murmuró pensando lo mono que le parecía su hermano haciendo aquello.

Sacudió la cabeza, intentando poner sus ideas en orden otra vez.

—¿Te vas a quedar ahí? —preguntó Kanon sacando las piernas de debajo de las sábanas. Saga afirmó con la cabeza con fuerza.

—¿¡Es qué no te has visto!?

—Pues no —Kanon ladeó la cabeza, amasando las sábanas entre sus piernas y ronroneando—. Me acabo de despertar.

Saga se llevó la mano libre a la cara y la frotó hacia abajo mientras apretaba la tela de la camiseta en su puño. Sus orejas se aplastaron contra el cráneo.

—Tienes... —dijo, moviendo la mano en círculos hacia la cabeza de Kanon— Ahí, en la cabeza. Esto no tiene sentido.

Kanon miró hacia arriba. Decidió que lo que fuera que tenía en la cabeza se echaba hacia atrás con su movimiento y llevó las manos allá arriba, buscando entre su pelo revuelto. Levantó una ceja y movió la cola un poco más.

—¿Las orejas?

—Y el rabo. —dijo Saga, resignándose pero contento de no ser el único que las veía.

El gemelo menor se agarró el rabo negro y peludo, rascó la punta con satisfacción y después lo soltó para que siguiera haciendo movimientos hipnóticos detrás de su cuerpo.

—Bueno —se encogió de hombros—. Pues como tú.

—¿Eh? —Saga se llevó las manos a la cabeza automáticamente— ¿¡Eh!?

Su cola se envaró, erizando el pelo blanco que la cubría. Kanon se rió con burla y después se atusó el pelo de las orejas.

—¿Qué clase de broma es esta? ¡No es para reírse! —bufó hacia su hermano, encogiéndose un poquito más contra la pared, al lado de la ventana.

Kanon anduvo a gatas encima del colchón, cambiando su risita burlona por una sonrisa traviesa. Palmeó la cama a su lado, aún sin llegar al borde y estiró el brazo para invitar a Saga a unirse a él.
Su hermano pegó los puños al pecho y estiró el cuello, olfateando el aire antes de decidir que era seguro acercarse más. Alcanzó la mano que le daban y Kanon tiró de él para tumbarlo en la cama. Saga tenía las piernas colgando y los pies desnudos apenas rozaban el suelo. Kanon se acurrucó contra el costado de Saga, dándole la espalda, pero no tardó en rodar por encima de su gemelo, que lo empujó otra vez hacia su derecha para que no lo aplastase.

Kanon se sentó en la cama con las piernas abiertas y el ceño fruncido. Bufó una vez, pero con tanta desgana que estaba claro que aquello era un juego, no una advertencia. Saga se apoyó sobre los codos y Kanon decidió que era hora de hacer rodar al gatito, así que lo empujó de vuelta, sábana incluida.

—¿¡Qué haces!? —gritó Saga pataleando— ¡No es hora de jugar, hay que buscar un remedio!

—Saga enrollado —canturreó el menor— ¡Eso hago!

Saga se libró por poco de las intenciones de Kanon, terminó sobre la cama con una rodilla en el colchón y las manos abiertas en zarpas en el aire. Atacó a su hermano sin ser consciente de ello, rodando los dos y bufando mientras maullaban.
Después de un rato se cansaron y Saga se dedicó a estar tumbado bocarriba con una mano sobre el estómago y la otra pellizcando su nariz. ¿Por qué sucumbía a necesidades tan tontas como aquellas?

—Saga... —llamó Kanon con la cabeza sobre el vientre de su hermano.

—¿Ahora qué?

Kanon tardó unos cinco segundos en responder. Saga abrió los ojos y golpeó la cabeza del otro para devolverlo al mundo de los parlantes.

—Creo que hay una pelusa en el techo.

Saga miró hacia donde Kanon apuntaba con el dedo. Sí que era una pelusa. Pasó los siguientes cinco minutos moviendo la cabeza según la pelusa era llevada de aquí para allá por la suave brisa que se colaba por la ventana.
Sacudió la cabeza y se incorporó sobre los codos.

—Otra vez... —murmuró al darse cuenta de que estaba haciendo algo impropio de él.

—Malditas pelusas —se quejó Kanon—. Me gustan más los rayos de luz, son más entretenidos de seguir.

Saga asintió seriamente con la cabeza y después se dio un golpe en la frente.

—Ya basta —se fue a levantar pero Kanon puso una mano sobre su pecho,— ¿qué?

—¿A dónde vas? —Kanon se arrastró para poner una mano al otro lado del cuerpo de Saga y encararlo.

—A averiguar que nos está pasando. Y detenerlo.

Kanon negó con la cabeza y apretó la mano para tumbar a Saga, pero él no se dejó, frunciendo el ceño y mirando de la mano a los ojos de Kanon, como pidiendo una explicación a su comportamiento o un motivo por el cual debiera tumbarse como su gemelo quería.
El menor frunció el ceño y dejó de mover el rabo de un lado a otro. Las orejas blancas de Saga palpitaron.
Kanon se inclinó y rozó la nariz de Saga con los labios. Éste se echó un poquito hacia atrás. Kanon olisqueó la mejilla de su hermano y después frotó la suya propia contra aquella piel.

—¿Qué...?

Saga movió la cabeza, entrecerrando los ojos y poniendo los labios en la mejilla que su gemelo había estado frotando contra él. Kanon imitó el gesto, apretando su boca contra la de un sorprendido Saga. El menor aprovechó para volver a empujarle, esta vez Saga se dejó tumbar. Parpadeó nerviosamente, con todo el cuerpo tenso. Kanon se inclinó sobre él, la sombra de sus facciones sonreía, recortada contra la luz que entraba por la ventana a raudales.

—No necesitas más explicación. —anunció Kanon acariciando la mejilla de Saga con el dorso de la mano.

La cola volvía a moverse detrás de la silueta de Kanon, lentamente. La respiración de Saga se aceleró.

—¿Cómo... qué...? —preguntó con torpeza mientras se llevaba una mano en la frente para retirar el sudor.

Kanon apretó su cuerpo contra el de Saga y le habló directamente al oído.

—Tú no quieres que me vaya, ¿no es cierto? —Saga tragó saliva ante aquella sentencia y ladeó la cabeza hacia el otro costado, pero Kanon cambió el lado en el que reposaba su cabeza, buscando los labios de su hermano que no encontró— Quieres que me quede, pero te da miedo decir en alto el motivo. No quieres aceptar más cosas de tu lado oscuro.

Kanon cambió la posición de sus piernas, sentándose a horcajadas encima de la cadera de Saga, incorporándose para quitarse la camisa y dejar su torso al descubierto.
El pelo del gemelo menor cayó como una cascada azul marino. Se relamió los labios antes de volver a inclinarse sobre Saga y agarró su cabeza para que no pudiera escaparse de él esta vez. Kanon sonrió de costado y Saga frunció el ceño, pero esta vez con timidez más que enfado.

—¿Por qué no te despiertas y me lo dices?

————

Saga abrió los ojos en la oscuridad de su habitación. La sombra era tan espesa como siempre y sus ojos tardaron un rato en adaptarse a la luz. Mientras tanto, el Santo dorado se concentró en su respiración, oyendo como el aire entraba y salía de sus pulmones, tomando el oxígeno necesario y echando dióxido de carbono a cambio.
Inspiró fuertemente y luego se incorporó, palmeando la cama a su lado. Estaba fría. No había otro latido parejo al suyo en aquel cuarto. Saga apretó las sábanas en su puño y se levantó con decisión, apagando el despertador al que aún le quedaba un buen rato para sonar.

No se cambió de ropa, tenía demasiado prisa como para fijarse en aquel insignificante detalle.
Entró en la habitación que por una última noche aún ocupaba su hermano y se sentó sobre sus rodillas. Kanon dormía bocabajo, sin camiseta y dándole la espalda a la puerta. Saga levantó la mano, posándola sobre la nuca cubierta de pelo. Apartó el cabello despacio, con cuidado. Tal vez lo que iba a hacer era una locura, pero la sanidad mental de Saga siempre había sido algo relativo. Le dio una colleja con la mano abierta.

—¡Auh! —aulló Kanon despertándose con el golpe— ¡Nos atacan!

Kanon pataleó dentro de las sábanas, enrollándose con ellas mientras se daba la vuelta para buscar a su agresor. Una sombra ominosa se cernía ante él, con el pelo revuelto haciéndole parecer aún más temible. Kanon tembló, poniendo sus manos en posición de ataque.

—¿Qué haces, estúpido? —preguntó Saga con la voz más chillona de lo que Kanon estaba acostumbrado a oír, casi parecía él mismo en vez de su calmado hermano mayor.

—¿Qué haces tú? Casi me matas del susto. ¿Es así cómo demuestras tu amor? —espetó, mordiéndose la lengua de inmediato.

Saga apretó los labios en una fina línea y endureció su mirada. Kanon no sabía que hora era, pero supuso que alguien aún no se había tomado su ración de café.

—¿Vienes a buscar pelea justo antes de que me vaya? —indagó, rascándose la nuca golpeada.

—No... no quiero que te vayas. —dijo Saga con los hombros crispados y agachando la cabeza.

—¿Eh?

Kanon se había esperado cualquier cosa menos aquella. Cuando la tarde anterior, después de una de sus peleas, había anunciado que se marchaba, Saga había aceptado aquello de forma pasiva. No había intentado detenerlo. Y para que mentir, a Kanon le había hecho sentir que si su hermano no ponía las cartas en la mesa, es que aquella era la decisión acertada.

—Últimamente sólo peleamos —explicó Kanon con la voz ronca—, por las cosas más estúpidas nos pasamos el día gritando. ¿Por qué debería quedarme entonces?

—Por que yo no quiero —Saga apoyó una rodilla en la cama y agarró un mechón de pelo de Kanon entre sus dedos—. Quédate.

El mayor junto sus frentes, fijando su mirada en el espacio que quedaba entre los dos.

—Pero...

—Por favor. —cortó Saga.

Kanon tomó aire y lo dejó salir en un suspiro largo. Palmeó la espalda de su hermano, frotando un omóplato.

—No me quedaré por tu capricho, si no tengo un buen motivo volveré con Julián y-

Los labios de Saga callaron a los de Kanon. El gemelo menor se sorprendió, dando un respingo ante el ataque sorpresa al que estaba siendo sometido. Pero Saga no se quedó satisfecho con aquel beso de principiante, Kanon aún intentaba hablar, así que agarró la cabeza de su hermano con las dos manos, elevando un poco su cuerpo y adelantando las rodillas para tener un mejor ángulo de acceso.
Ladeó la cabeza y lamió los labios de Kanon, metiendo la lengua entre ellos, juntando aún más sus bocas y jugando a la guerra de una manera mucho más placentera que la suya habitual de darse gritos.

Kanon gimió, con los ojos muy abiertos. Saga sacó la lengua y le mordisqueó los labios, apartándose con las mejillas sonrojadas, pero sin soltar la cara de su gemelo, tan parecida a la suya pero con una expresión completamente distinta.

—Ahí tienes tu motivo. —siseó Saga.

Los siguientes segundos fueron tensos y parecieron más largos de lo que deberían haber sido. Saga esperando una respuesta, Kanon dejando que los sucesos se aclarasen en su mente.
Si el desenlace tardaba mucho más, Saga acabaría por suicidarse por segunda vez allí mismo.

—Entonces —pronunció Kanon justo en el último momento—, ¿no soy el único gemelo loco incestuoso?

Saga parpadeó y echó la cabeza un poco hacia atrás, soltando las mejillas de su hermano.

—¿Cómo?

—Quiero decir, todas esas peleas las empezaba porque la tensión era demasiado grande para mi.

—¿Qué tensión? —indagó Saga. Kanon arrugó en entrecejo.

—¿Tú desde cuando eres consciente de esto?

Saga tartamudeó un poco y se dejó caer en el regazo de Kanon, a horcajadas. El menor acunó el trasero de Saga en sus manos.

—Acabo de tener un sueño revelador. —decidió sincerarse Saga.

—¿Ah, sí? —Kanon sonrió con picardía, rozando su nariz con la de Saga, sospechando el tipo de sueño que podría haber sido aquel— ¿Y qué pasaba en ese sueño?

Saga apartó la cara y se rascó la mejilla, mirando hacia el techo.

—Nada importante, sólo estábamos gatoseando.

El mayor volvió a mirar a Kanon y le rodeó el cuello con los brazos, devolviéndole el roce de nariz.

—Miau. —murmuró recordando el sueño.

—Gatosear: el nuevo verbo favorito de Kanon.

Kanon empujó a Saga, haciendo que los dos rodaron por la cama y se pasó el resto de la mañana intentando sacarle detalles de aquel sueño extraño.
Tags: !fanfiction, !fic: oneshot, category: humor, category: romance, pairing: saga/kanon
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