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P I E C E S ~Pinceladas de un recuerdo~ MULTICHAPTER [2 de ??]

 Después de una pelea con Ikki, Hyoga se parte en mil pedazos y tendrá que ir recuperando los pedazos de su mente y su corazón.


 Recuerdo 2. Let me cover up my tear

Un día, dos días... tres, cuatro, cinco. Una semana, un mes... El tiempo transcurría lento y sofocante para los habitantes de la Mansión.
La Fundación Graude había puesto todos sus empeños en encontrar a Hyoga, pero el chico simplemente se había esfumado. Parecía que había desaparecido de la faz de la tierra.

Shun seguía haciendo explotar su cosmos todas las noches, extendiendo sus sentidos y estirándolos más allá de las barreras de lo físico. Pero no había respuesta, el cosmos del Cisne estaba apagado o fuera de cobertura en aquel momento. Y ese momento se estaba volviendo eterno.
Athena había desistido en sus intentos personales. Si Hyoga no quería que lo encontraran, simplemente no podrían hacerlo.

'Aparecerá.' había dicho en su día, pero aquel día parecía tan lejano...

Parecía una palabra pronunciada en otro mundo, inventada en otra vida. Una palabra que ahora no tenía ningún sentido, porque nunca aparecía.

Más de uno había intentado encontrar un porqué. Camus no podía creerse que su alumno se comportara de esa manera sin ninguna explicación, pero el último que había visto a Hyoga se había encerrado en un silencio hermético que lo señalaba como culpable de la situación.

Otra semana, otro mes. Dos meses y medio desde que Hyoga había desaparecido y parecía que la tercera guerra mundial iba a empezar en la Mansión que ahora pertenecía a Saori Kido.
Unos especulaban, otros discutían y había quien cotilleaba a escondidas, pero nadie se mantenía indiferente.

Mientras tanto, el polvo se iba acumulado en la habitación del Cisne, contando mejor el peso de la ausencia de su dueño que los días en el calendario.


— —
 

Seiya no podía estarse quieto ni comiendo. No paraba de moverse, balanceándose en la silla, pegando con el talón en las patas de la mesa o reacomodándose a cada instante.
En aquel comedor silencioso, todos aquellos ruidos reverberaban en el techo, amplificándose con el eco y volviendo a los pocos comensales que estaban allí reunidos.

— Seiya... — amonestó Shiryu antes de llevarse el tenedor hasta los labios.

— ¿Qué? — preguntó aún masticando— Ni que estuviéramos en un entierro.

Shiryu lo miró clavando sus ojos como cuchillas en su cabeza, esperando que entendiera el mensaje. Seiya parecía no responder a las maldiciones mentales de su amigo, así que Shiryu suspiró y negó con la cabeza.
Era verdad, no estaban en ningún entierro, pero a veces lo preferiría. Cuando algo terminaba sólo había que superarlo, pero en esa situación uno no sabía qué hacer. Hasta cuándo mantener la esperanza era una elección a tomar por cada cual individualmente.

Shiryu no se había dado cuenta de lo mucho que apreciaba a Hyoga hasta que el Cisne desapareció.

Él había estado en aquella discoteca. Había visto salir a Ikki dando bandazos y apartando a la marea de gente como si fueran las tiras de una cortina metálica. Hyoga iba siguiendo su estela, parecía enfadado y tal vez algo desesperado. Pero Shiryu no hizo nada, decidió que aquella no era su pelea y que era hora de que los dos arreglaran sus diferencias.

Ahora se arrepentía de su decisión, pero ya no podía hacer nada para cambiarlo.

Shiryu había terminado su comida mientras se dejaba llevar por sus pensamientos, así que el tenedor y el cuchillo encontraron el plato vacío cuando los bajó.

— Oh... — susurró y se encogió de hombros.

Shiryu bebió un último sorbo de agua y se limpió los labios con la servilleta antes de incorporarse para retirarse de la mesa.
Seiya se levantó a toda prisa, siguiendo a su amigo. Iban comentando alguna anécdota cuando se encontraron con Shun, que salía de su habitación.

El chico tenía una mano en el pomo de su puerta y mantenía la cabeza gacha. La otra mano la tenía ocupada en el asa de una maleta más bien grande.
Shiryu y Seiya se miraron entre ellos, la confusión de sus rostros delató que ninguno de ellos sabía qué estaba pasando allí.

Seiya trotó hasta Shun con preocupación.

— ¡Shun! — llamó antes de parar a su lado— ¿Qué pasa, a dónde vas?

Shun se sobresaltó, tan ensimismado como estaba no había notado la proximidad de sus amigos.
Shiryu acortó distancias a pasos largos y rápidos pero sin correr. Llegó justo a tiempo de oír la contestación de Shun.

— No aguanto más... — la mano que agarraba la maleta temblaba y la otra se posó empuñada sobre su corazón— Me voy.

Seiya no sabía que decir y Shiryu tenía que pensar primero, así que pasaron unos segundos antes de que volvieran a retomar la conversación.

— Pero...

— ¡Pero nada, Seiya! — explotó Shun— Tengo que irme de aquí ¿no lo entiendes?

— Shun.

— Shiryu... si no me voy yo de aquí, nunca... — Shun miró hacia el suelo y apretó la mandíbula— No importa.

Shiryu levantó su mano y la puso en uno de los hombros de Shun, llamando su atención. El chico dirigió sus ojos hacia él, con las cejas temblando de ansiedad, pero Shiryu estaba seguro de que su compañero no cambiaría de opinión.
El chino negó con la cabeza para luego hablar.

— Haz lo que creas que debes que hacer.

— ¡Shiryu! — exclamó Seiya girándose hacia Shun y mordiéndose el labio por que no sabía como decirle todo lo que le pasaba por dentro— Shun, no...

Seiya captó la voluntad de Shun a través de su cosmos más que por sus gestos o palabras. El castaño acabó mirando hacia una pared con impotencia.
Shun lo envolvió con su cosmos, abrazando su espíritu con el propio.

— Sé que estáis aquí, prometo que me comunicaré con regularidad. El apartamento a donde voy no está lejos — informó— . Me mudo con mi hermano.

Shiryu y Seiya intercambiaron miradas otra vez y después observaron a Shun. Ninguno de los dos le siguió más allá de las puertas de la mansión.

Ese fue el primer día en que el servicio de limpieza entró en el cuarto de Hyoga para asearlo y dejarlo como el día en que se fue.

— —


Dos meses más y el otoño le dio paso al invierno. Shun e Ikki pasaban más tiempo juntos que nunca, pero un abismo de emociones se abría entre ambos.
Niguno hablaba, pero las contradicciones sobre lo que se hacían sentir el uno al otro a veces llegaban a ser insuperables.

Ikki parecía insensible ante la desaparición de Hyoga, evitaba el tema hasta tal extremo que en los últimos días sólo por nombrar al rubio, Ikki se levantaba para salir de la habitación inmediatamente. Y cada vez, sus paseos en moto eran más largos.

En ese momento Ikki se encontraba conduciendo por las afueras de la ciudad a más velocidad de la que estaba permitida. Apretaba el manillar de su vehículo haciendo chirriar al cuero de los guantes negros. Y se agachaba más, cortando el aire a su alrededor.
Ikki se dejaba llevar por su instinto, girando aquí y allá, reduciendo velocidad y haciendo eses por la carretera para adelantar temerariamente aunque la línea blanca que delimitaba su carril fuera continua.

'Imbécil...' escuchó en su cabeza con el timbre del Cisne '¡Imbécil!'

Ikki entrecerró los ojos y mordió su labio inferior dentro del casco, aumentando un poco más la velocidad para reducir casi drásticamente al entrar en casco urbano.
Los recuerdos de aquella noche le perseguían como fantasmas rencorosos, anclando cadenas en su corazón, cerrando grilletes alrededor de su alma.

Le dolía el puño sólo de recordar el rastro de sangre que dejó en sus nudillos. Ikki se distrajo por un momento, reduciendo un poco más y yéndose de lado. Rectificó la trayectoria antes de chocar contra un coche aparcado.
El susto le obligó a estar más alerta.

Y unos metros más allá lo vio. Caminaba de espaldas y tenía el pelo un poco más largo, pero definitivamente era del mismo amarillo brillante.
Ikki le dio gas a la moto, yendo más deprisa. Necesitaba verle la cara, necesitaba decirle todo lo que había sufrido aquellos días sin él.

Adelantó y freno tan en seco que dejó las ruedas marcadas en el asfalto. Ikki se incorporó sin bajar de su moto y se quitó el casco con un movimiento fiero. Su pelo cayó húmedo y salvaje hacia abajo.
Ikki giró la cara para verlo. No era él.

— Chst.

Ikki siguió mordiéndose el labio inferior, jugando con una piel levantada entre los dientes, su pie temblaba apoyado en el suelo.
¿Para qué tantas salidas? Nunca lo iba a encontrar. Nunca iba a redimirse.
Su forma de penitencia no servía para nada.

Ikki levantó la mano libre y golpeó uno de los mangos de la moto, apoyando el codo después en el mismo lugar, dejando caer su frente sobre el puño.
La vista se le estaba empezando a poner borrosa.

Apretó más los labios, frunciendo el ceño para hacer fuerza. Un par de gotas cayeron sobre el panel de control. Ikki se atragantó con su propia saliva, forzándole a boquear para meter un poco de aire en sus pulmones.
¿Hasta cuándo Hyoga estaría castigándole de esa manera?

Una vibración a la altura de su muslo le obligó a calmarse. Abrió el puño en el que apoyaba su frente para pasar la palma de su mano por toda la cara.
Se quitó el guante con prisas para sacar el móvil del bolsillo de su pantalón. La pantalla brillaba, pero tuvo que abrir la tapa para ver bien el nombre del que le llamaba. Era Shun.

Ikki pulsó la tecla verde y apoyó el aparato contra su oreja.

— ¿Sí? — preguntó.

'Hermano, voy a preparar la comida ¿Dónde estás?'

Ikki miró a su alrededor antes de contestar.

— No estoy lejos, en quince minutos llego.

Shun esperó unos segundos antes de contestar. La línea telefónica se llenó de una estática acusadora.

— 'Bien, ve con cuidado ¿De acuerdo?' — aconsejó Shun— 'Te quiero, hermano.'

— Y yo a ti. — añadió Ikki, colgando después.

 El moreno se quedó mirando el móvil en su mano y cerró la tapa de golpe. Dejó salir el aire de sus pulmones lentamente y empezó a tararear una canción.
 
.


Idea original: Airienn

Fecha de inicio: 3, Septiembre - 2008
Última actualización: 25, Febrero - 2011
Tags: !fanfiction, !fic: multichapter, category: drama, fandom: saint seiya, pairing: ikki/hyoga
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