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Pay the price - ONESHOT

El precio a pagar para algunos era alto, pero para ellos era especial.

Capítulo único.


Ikki no paraba de dar vueltas en la habitación como un león enjaulado. Los tacones cuadrados de sus botas repicaban contra el suelo a la misma velocidad que subía su frustración.
Bufó y concentró todas sus fuerzas en solucionar su problema.

—Muy bien… —murmuró.

Giró a su izquierda y dos pasos después encaró la mesa de experimentos. Un frasco burbujeó en respuesta.

Ikki levantó una ceja y la volvió a bajar, adoptando la expresión fiera que tanto le caracterizaba.
Repasó la lista de ingredientes, preparó cada una de las medidas con cautela. Siguió los pasos uno a uno y agarró las dos probetas que contenían las sustancias finales de su ejercicio de alquimia, dispuesto a dejar caer una gota de cada cual en el cuenco de madera.

—Ni se te ocurra. —oyó justo detrás de él.

Los dedos largos y bien formados de Kanon cubrieron los suyos, borrando con delicadeza el gesto que Ikki estaba a punto de cometer.
El más joven movió su cabeza para intentar mirar tras él y se sorprendió con la mirada de advertencia del otro.

Ikki se zafó de las manos de Kanon y juntó las cejas, enfadado.

—¿¡Qué haces!? —bramó— ¡Tengo que terminar esto de una vez!

Kanon negó con la cabeza y se alejó de él, llevándose consigo una de las probetas. La agitó en el aire y sonrió con malicia hacia el otro ocupante del laboratorio.

—Pues no va a ser hoy.

Ikki cuadró los hombros y se acercó hacia Kanon con pasos fuertes y marcados.

—¿Y por qué no?

Adelantó una mano, pero lo único que consiguió fue darle un zarpazo al aire. Kanon se movía con elegancia de un lado a otro, lo justo como para que Ikki no alcanzara la mitad de su experimento.

—Primero por que falta menos de una hora para medianoche.
—¿Y qué pasa con eso? —otro intento fallido e Ikki bufó.
—Pues que no creo que consigas quitarme esto ‘hoy’.

Ikki rodó los ojos y se llevó una mano a la cintura, justo sobre la faja de cuero que rodeaba su cuerpo. Un par de bolsitas marrones se movieron a la altura de su cadera cuando cambio el peso de pie.

—¿Y segundo?

Kanon elevó sus finas cejas y rió ante la pregunta.

—Hoy estás avispado —hizo una floritura con su mano libre—. Segundo, porque si lo mezclas volarás por los aires toda la torre.

Ikki se rascó la nuca y dejó el recipiente en su soporte. El color verde de la mezcla cambió a gris.

—¡Y qué sabrás tú! —Ikki empuñó sus manos sobre la mesa.

Kanon hizo una mueca de inconformidad y soltó el frasco, que se quedó dando vueltas en el aire. Movió sus dedos en el aire y el líquido flotó hacia él, rodeando su muñeca en un perfecto disco.

—Lo suficiente como para no dejarte hacerlo.

Ladeó la cabeza y giró la palma hacia arriba. El líquido se concentró encima, formando esta vez una esfera.

Ikki bajó la cabeza. Sus puños temblaban.
Necesitaba golpear algo.

Miró de reojo a Kanon, que juntó sus dedos justo debajo de la mezcla volante. Ésta se concentró y pasó de naranja a amarilla, solidificándose. Con un par de susurros mandó la probeta vacía levitando hasta la mesa, posándose mansamente al lado de la mano derecha de Ikki.

El joven trató de respirar profundamente.

Normalmente, Kanon hacía las cosas para fastidiar, pero era la quinta vez que Ikki intentaba terminar el ejercicio y los resultados habían sido de lo más variopintos. De todo, menos correctos.

Ikki oyó el sonido de los dientes de Kanon al cortar una manzana y explotó.

—¡No has estado aquí ni un momento! —golpeó la mesa con la mano y la probeta saltó y rodó lejos— ¡Ni siquiera eres mi maestro!

Ikki arañó la mesa de madera al volver a cerrar su puño. Su cuello se hinchó mientras seguía gritando frustrado.

—¡Eres un bueno para nada! —sacudió los soportes al hacer más presión sobre el mueble— ¡Por algo te echaron del consejo y te mandaron a supervisar novatos!

Kanon alejó la manzana de su boca y tragó, dejando la fruta sobre una de las estanterías cerca de él.
Estaba acostumbrado a los arranques de Ikki. Usualmente le divertían.

Ikki tomó aire y se relajó. Aún así siguió.

—Estoy en quinto, no necesito una niñera —estrechó los ojos y encogió los hombros—. Y menos a un fracaso como tú.

Unas manos frías sobre las suyas y el aliento tibio sobre su nuca lo hicieron estremecer.
La capa de Kanon cayó suavemente, rodeándoles.

El mayor acercó su nariz al pelo oscuro de Ikki y sus labios hacia la oreja morena.
Abrió la boca despacio y apoyó su torso sobre la espalda ancha del otro.

—Cuida tus palabras, Ikki.

Los dedos se movieron desde sus manos hasta los hombros. El pecho de Kanon se separó de él y empezó a masajear su espalda.
Kanon ladeó la cabeza y sonrió condescendiente, sabiendo que Ikki no lo veía.

—Habías molido demasiado los huesos y tendrías que haber dejado que se asentara un poco más. El color correcto es rojo, no naranja —aleccionó—. Pero ¡eh! El otro está bien.

Ikki se removió, librándose de las manos de Kanon, que se encogió de hombros y parpadeó curioso. El menor tosió y se alejó unos cuantos pasos de él, dándole la espalda todavía.

—Oh, cierto… —Kanon sonrió ladino y apoyó su peso en la mano sobre la mesa— Había olvidado tu pequeño problema.

Ikki farfulló seguro de que, en efecto, no había olvidado aquel detalle.

Kanon trotó hasta la estantería y mordió de nuevo la manzana, dejando un espacio de tiempo suficiente como para que Ikki empezara a creer que estaba a salvo.

—Los caminos de la magia son insondables. —canturreó Kanon.

Ikki rodó los ojos y echó la cabeza hacia atrás.

—No cites a tu hermano.

El mayor terminó la pieza de fruta y chupó sus dedos ruidosamente antes de contestar.

—¿Por qué no? Al fin y al cabo, somos iguales.

El moreno volvió a apoyarse en la mesa, sus mejillas estaban rojas.

—No os parecéis ni en el mear.

Kanon rió a mandíbula batiente.

Ikki no oyó sus pasos, pero si que notó los dedos juguetones de Kanon recorrer su columna de abajo a arriba.
Cerró los ojos y juntó la barbilla con su pecho, dejando que las yemas de Kanon dibujaran runas sobre su cuello.

La lengua de Kanon humedeció la base de la nuca, sorprendiéndose a medias por la temperatura de la piel de Ikki. Debía rondar los cuarenta grados.

—No me refería a mi hermano… —susurró.

El alumno abrió los ojos, que no sabía cuando había cerrado y maldijo deshaciéndose del agarre de Kanon.

—Mentiroso… —dijo entre jadeos, apenas aguantándose en pie— No faltaba una hora para medianoche.

Kanon bostezó y cruzó los brazos. Giró el rostro y miró hacia la ventana.
La figura de un campanario se podía adivinar entre la niebla.

—Yo he dicho ‘menos de una hora’ —movió sus hombros para tapar su cuerpo enfundado en negro con su capa de terciopelo—. No he mentido.
—¡Vete! —ordenó con un rugido.

Kanon metió su dedo meñique en una oreja, rascando con satisfacción antes de volver a esconder su mano dentro de la capa.
Movió la cabeza pensando aparentemente en que hacer.

—Aunque tu insinuación sea tentadora, creo que me quedaré.

Ikki cayó de rodillas, mordiendo sus labios para no gemir.

Kanon volvió a sonreír.
Hincó una rodilla en el suelo ante Ikki y lo observó atentamente.

—Esto te pasa por ensimismarte tanto en tu trabajo —Kanon se corrigió—. Mentira, por ser terco y arrogante.

Ikki lo miró desde el suelo, encogido sobre si mismo. Aún con una amenaza pintada en sus ojos.

—Tanto que no puedes dejar que un simple ejercicio de alquimia te derrote.

Kanon aplaudió desapasionadamente, sus pupilas se afilaron.
Ikki se revolvió, gimiendo en el suelo.

Las campanas empezaron a doblar y Kanon no podía apartar sus ojos del bulto oculto bajo el pantalón de Ikki.

Ikki arqueó la espalda y abrió sus ojos, ansiosos y dorados, ante el mundo.
Las comisuras de Kanon volvieron a subir, asomando unos colmillos blancos bajo los labios.

—Somos iguales, Ikki —murmuró—. Somos únicos.

La luna brilló redonda y pálida entre las nubes.

Ikki rodó para acuclillarse sobre la alfombra y se alejó instintivamente de Kanon.

—No te asustes… —siseó, acercándose con sigilo y sin perder contacto visual con el otro— Aún no lo controlas ¿verdad?

Ikki giró su cabeza de un lado a otro, sin dejar de vigilar a Kanon. Casi parecía haber contestado a la pregunta con un no.
Una risa gutural se escapó de la garganta del mayor.

—Tenemos un precio que pagar.

La magia se condensó en el ambiente, cristalizándose en copos de nieve nacarada.

Kanon se movió hasta empujar el hombro de Ikki y lamió su mejilla con una lengua azul y afilada.

—¿Qué te parece si lo hacemos juntos?

La mano derecha de Kanon se apoyó sobre la abultada entrepierna de Ikki, revelando unas escamas que antes no habían estado allí.
Tags: !fanfiction, !fic: oneshot, category: fantasy, category: mystery, fandom: saint seiya, pairing: kanon/ikki
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