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Luna Llena - ONESHOT

 Ikki ha estado desapareciendo últimamente y Hyoga sale a buscarlo una noche de luna llena.

Capítulo único.

La puerta se cerró con un sonido fuerte que hizo eco en mitad de la oscuridad de la noche.

—Otra vez... —pronunció Hyoga mientras se ponía la chaqueta y se alejaba a todo correr de la casa que compartía con aquel hombre que había desaparecido.

El rubio maldijo entre dientes mientras abrochaba los botones. No era la primera vez que Ikki desaparecía a esas horas. Siempre volvía cerca del amanecer, con alguna excusa lista para sacarla del bolsillo.

—¿Por qué? —se preguntaba Hyoga— Maldita sea...

Al principio nunca había sido así, parecía tan seguro de si mismo... acosándolo hasta que no pudo más que confiar en él, en que aquel amor nunca tendría fin.
Y desde luego no había terminado. Hyoga seguía tan enamorado como el primer día, pero sospechaba que le ocultaba algo y las respuestas más lógicas eran dolorosas de creer.

—Casi prefiero que esté metido en algún lío.

Hyoga dejó de caminar, mirando hacia sus pies. El camino de tierra estaba ligeramente húmedo a causa de la niebla que había inundado el pueblo en cuanto se había puesto el sol.
Más que niebla parecía que alguna nube había decidido visitar el lugar para pasar un rato por la noche. Era espesa y baja, aunque no le permitía verse muy bien los pies, podía distinguir perfectamente las casas a cien metros de su persona.
Hyoga mordisqueó sus labios, mirando a todas partes. ¿Dónde podría estar aquel bastardo malnacido? ¿Cómo osaba hacerle renunciar a todo lo que era sagrado en su vida, romper todas las barreras, admitirlo como su compañero para la eternidad y luego abandonarlo así durante al menos tres noches seguidas cada mes?

—Ah, no... —murmuró mientras seguía adelante, embarrando sus botas de cuero al empezar a correr— Eso sí que no.


————
 

Tragó saliva, notaba la garganta seca. Ikki había corrido hasta el refugio más cercano que conocía. En este caso era un granero.
El moreno tosió un par de veces, notando el sabor de la sangre en su boca. No era suya.

Se limpió los labios con el dorso de la mano mientras andaba dando tumbos por el lugar. No llevaba la camisa de trabajo con la que había salido de casa. Tampoco tenía calzado y los bajos del pantalón estaban hechos unos zorros.
Ikki jadeaba para hacer llegar el aire a sus pulmones. Se miró las manos, tenía tierra bajo las uñas. El hombre sacudió la cabeza cuando su vista empezó a nublarse. Tratando de fijar sus pupilas en algo que no le trastornara, buscó un sitio donde descansar y poner algo de orden en su mente.
Un montón de paja que parecía limpia le pareció perfecto. Tuvo la decencia de echar una manta que encontró colgada de un clavo en un poste de madera encima de la paja antes dejarse caer sentado.

Despegó el pelo de su frente, echando el cabello hacia atrás y resoplando.

El olor de la sangre le llegaba claramente a la nariz. Tenía la barbilla y el pecho embarrados en ella. Afortunadamente, aunque no para ellas, provenía de unas pocas gallinas que se habían cruzado en su camino y en las que había dejado caer toda la rabia y frustración que venía acarreando.
Apretó la parte baja de sus palmas contra los ojos. A veces se preguntaba si habría sido mejor dejar las cosas como estaban, haber dejado que Hyoga fuera una imagen a la que adorar desde el otro lado del río. Podría haberle ahorrado el dolor que tenía claro que esa noche le iba a provocar.
Después de todo, había llegado ahí huyendo de los sonidos lejanos de una turba enfurecida.
Y la luna, oh, la luna... le estaba llamando desde el cielo.

————


El cazador apartó la antorcha de la huella al mismo tiempo en el que se levantaba. Se giró para hablar con el hijo del alcalde, con una cara seria.
Ese hombre no tenía muchos amigos en el pueblo, pero era un ciudadano que siempre colaboraba cuando hacía falta y que siempre había respetado a los demás. Nunca escondía nada, así que cuando se apartó del grupo armado con hoces, arados y otros instrumentos del campo, con el susodicho hijo mayor del alcalde... todo el mundo supo que había algo que olía mal.

—Habla de una vez, me estás poniendo más nervioso. —balbuceó hacia el cazador después de treinta segundos de silencio.
—No quiero seguir ese rastro. —espetó el cazador, con un tono que no admitía protesta. Aún así el joven lo intentó.
—Pero...
—¿Pero?

El joven tragó saliva y echó una mirada a los hombres del pueblo que habían salido esa noche con ellos. Las luces de las antorchas les hacían parecer demonios.
Y allí, en el lenguaje corporal de aquella masa se encontraba el gran pero. El rumor se había extendido por la población para dejar de serlo en los últimos meses, ahora era un hecho. Algún animal había estado matando ganado, pero no comía nada. Estaba claro, era un lobo solitario. Un lobo solitario, loco y lo suficientemente fuerte y atrevido como para matar a un par de vacas cuando el toro estaba dentro del mismo redil.
Hartos de los destrozos, habían salido a hostigar al animal. Y ahora el cazador le ordenaba que dejara de hacerlo.

—Lo que estoy siguiendo no son huellas de lobo —explicó y después negó con la cabeza—. Seguiré el rastro, pero no prometo nada.

————


Hyoga apretó los brazos encima de su pecho, calentando sus manos bajo las axilas. La niebla era menos densa en las afueras del pueblo, pero estaba mucho más dispersa. Y a él no se le había ocurrido traer ni una antorcha por lo menos.
La ropa se le estaba humedeciendo. La sensación en sus mejillas era bienvenida, el frío le hacía pensar mucho mejor. Calmaba su instinto y le ayudaba a concentrarse en su tarea: buscar a Ikki.

Hyoga suspiró frustrado cuando llegó a una encrucijada. No estaba muy lejos del bosque, no era una buena idea acercarse tanto a los árboles. Sería fácil perderse allí dentro.

—¿Dónde te has metido? —se preguntó el rubio.

No sabía cuanto tiempo llevaba andando, no sabía ni como lo iba a encontrar. Parecía que vagar pocas horas antes de la madrugada a las afueras no era su mejor opción. Sobretodo con los rumores de un lobo loco que había oído ya en todas partes.

—¿No lo iban a hostigar esta noche? —murmuró mientras frotaba sus manos y miraba de un lado a otro, decidiendo donde ir ahora.

Hyoga no tenía una opinión formada al respecto de la patrulla nocturna, pero Ikki gruñía cada vez que oía algo por el pueblo. El rubio se quitó la humedad de la cara con un pañuelo que sacó de su chaqueta y empezó a andar sin mirar por donde iba.
Tan distraído estaba que no se dio cuenta de que había tropezado con algo hasta que se vio cayendo hacia el barro del camino. Consiguió mantener el equilibrio con un par de zancadas largas y volvió sobre sus pasos para comprobar que había sido aquello.
Lo cogió y levantó el objeto hacia la luz de la luna llena.

—Este zapato... —dejó salir de su garganta estrangulada por todo lo que estaba empezando a sentir— ¡Es de Ikki!


————
 

Apretó la cabeza entre sus manos, gruñendo mientras notaba a la rabia abrirse camino a codazos hacia la parte racional de su cerebro.

—¡No! —gritó sin poderle evitarlo.

Sacó el aire por la nariz indignado consigo mismo. Se suponía que no quería hacer ruidos para que no le encontraran... tal vez sería mejor dejarse ver. Dejarse matar por el pueblo en el que había vivido esos años con Hyoga, con la pareja que él había elegido para siempre.

—'Siempre' es más corto de lo que había pensado... je, je. —murmuró con una nota triste.

Otra vez, aquel desespero que le desgarraba el corazón aumentó hasta convertirlo en un ser lleno de sed de sangre.
Pero él no era así, él podía controlarlo ¿Por qué se comportaba como un mero licántropo desquiciado? ¿Por qué justo cuando se suponía que debía ser feliz? Cuando se suponía que lo tenía todo...

Notó el cambio, mucho más lento que su grácil transformación habitual, mucho más doloroso. Ikki no soportaba aquel aspecto, pero en aquel estado no podía decidir sus acciones, sólo era una pequeña consciencia atrapada viendo el horror del que era capaz aquel cuerpo.
Un ruido llamó la atención de sus orejas y su cuerpo se volvió repentinamente hacia la puerta. Ikki estaba seguro de haberla cerrado bien cerrada.

—Tendría que haberlo imaginado... —la voz de Hyoga chocó en sus tímpanos.

Ikki se paralizó, una sensación de desesperación se apoderó de él cuando notó el gruñido en su garganta.
Hyoga entró en el granero, cerrando la puerta a su espalda. Abrió los brazos con una sonrisa mientras el cuerpo de Ikki se movía como la bala de un cañón hacia un barco enemigo.


————
 

En aquel momento, a un par de horas del amanecer, cuando el mundo empezaba a ser mucho más frío que el resto de la noche y después de haber caminado de aquí para allá sin resultado alguno, la turba estaba mucho más cansada aunque igual de enfurecida que al principio.
El rastro les acercaba al bosque, lugar por el que aún estaban discutiendo, tras diez minutos de debate, si era apropiado marchar enfurecidamente o no.
El cazador había tomado ese tiempo para si mismo. Se encontraba sentado encima de un viejo tocón al lado del camino y fumaba de forma relajada, iluminado por el reflejo de las brasas en su pipa. Esperaba a la resolución, pero fuera cual fuera el resultado, él ya se había adelantado y sabía a la perfección hacia donde llevaban las huellas. Así que sus ojos estaban fijos, aunque discretamente, en el granero más allá. Si tenía que correr por su vida lo haría.

El hijo del alcalde se acercó a él justo después de que algo le llamara la atención, algo que le había plantado una sonrisa satisfecha en medio de su barba.

—Hemos decidido parar por hoy —informó—. ¿Podría acompañarnos mañana?

El hombre se levantó y sacudió su ropa con la mano libre para quitarse la humedad de la niebla de encima.

—No creo que sea necesario, hijo.
—¿Y eso por qué? —preguntó el joven con una expresión confundida en su rostro.

El cazador fumó lentamente antes de responder con misterio.

—Ya lo verás, hijo. Ya lo verás.

Levantó una ceja aún con la sonrisa en sus labios y sin más se alejó de la pequeña multitud, derecho hacia su casa.
Después de todo, estaba seguro de haber visto a un par de lobos, uno claro y otro oscuro, saliendo del granero.
Tags: !fanfiction, !fic: oneshot, category: fantasy, fandom: saint seiya, pairing: ikki/hyoga
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