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Baby, when you're gone - ONESHOT

 A veces irse lejos no empeora las cosas.

Capítulo único.
When you're gone!

 
Hyoga estaba hasta la coronilla y un poco más allá. No es que él fuera la persona más paciente del mundo, tenía sus límites, pero tocarle la moral era algo difícil de hacer. Picarle el orgullo ya era otra cosa.
Así que aquella tarde se dirigieron él y su aura maligna e indignada por el pasillo hacia el dormitorio de Ikki. Hyoga le había buscado por todo el edificio y aquel era el único lugar que le faltaba por mirar. Tenía que estar allí.

—¿Pero qué...? —empezó a pronunciar al abrir la puerta de un plumazo y no ver dentro a su usual ocupante.

Hyoga entró en la habitación, quedándose en el centro y dando una vuelta sobre si mismo. Levantó las manos y se las puso en la cadera de golpe.

—¡Perfecto! —vociferó dando una patada al suelo— ¿¡Y ahora dónde cojones se ha metido!?

Cabeceó enfadado, observando el cuarto más a fondo. En un arrebato abrió las puertas del armario empotrado, lo suficientemente grande como para albergar dos personas dentro a la vez. Lo que no encontró le impactó más que lo que pudiera haber hallado.

—¿Y la ropa?

Las perchas temblaron ante el escrutinio del ruso. Hyoga entrecerró los ojos y apretó los labios. Ropa, por haber, había. Pero los pantalones rojos de Ikki, esos que no se quitaba ni a sol ni a sombra... no estaban allí. Ninguno de los tres pares.

Hyoga se dio cuenta de que Ikki se había ido, al menos a pasar algunos días fuera. Su nivel de frustración subió al mismo ritmo que bajaba el de furia.
Se sintió decepcionado. Después de todo, él sólo quería aclarar un par de puntos.

—Estupendo... —murmuró mientras cerraba las puertas del armario muy despacio.

Cerró los ojos, apoyando la frente sobre la madera y levantó las manos, extendiendo los dedos sobre la puerta, a la altura de su pecho.

—¿Dónde estás?

I've been wandering around the house all night,
wondering what the hell to do.

Hyoga andaba de un lado al otro de la residencia, a veces lento, a veces rápido. Otras veces, simplemente se recostaba en la pared o se sentaba en los escalones de alguna de tantas escaleras que tenía para elegir.
Seguramente, si lo hubiera hecho a cualquier otra hora, alguien le habría preguntado que demonios le pasaba, pero tuvo a bien dejar esa forma de deambular para la noche.

—Me aburro... —se dijo a si mismo una de tantas veces que se sentó, dando golpecitos con su cabeza en la pared— Me aburro mucho.

Se levantó de golpe, dispuesto a hacer algo con lo que entretenerse hasta conciliar el sueño.
Caminó hasta la biblioteca, abriendo con cuidado para no hacer demasiado ruido. De todas maneras aquella zona estaba muy aislada de los dormitorios pero viviendo con tanta gente, uno nunca sabía quien iba a estar por ahí.

Gastó todo el tiempo posible buscando entre las estanterías al menos dos o tres libros que le apeteciera leer. Después, junto a su botín, se acurrucó en uno de lo sillones.
No llegaba a las diez páginas y ya quería dejar de leer.
Frustrado enterró su cara dentro de uno de los libros, gruñendo algún juramento en ruso.

Dejó caer el libro hasta sus muslos y sonrió ante la idea que acababa de tener.

—¿Una película? —se preguntó en alto.

Pero antes de llegar a la sección de DVDs se dio la vuelta. Los videojuegos parecía que tampoco tendrían el efecto deseado.
Paseó un poco más por el edificio, estirándose de los pelos cuando parecía que no había nada que hacer.

—Se ha hecho de día... —se fijó al darse cuenta de que la oscuridad ya no era ni mucho menos tan cerrada como antes— Pues vaya.

Bostezó, sintiendo una opresión en el pecho que no quería sentir.


Yeah, I'm trying to concentrate but all I can think of is you.

 
Hyoga había tenido unas noches demasiado movidas como para que no le afectaran durante el transcurso del día.
Cabeceaba en el desayuno, cabeceaba en clase. Al menos durante el descanso había podido dormir en un lugar apartado de la universidad, mientras sus cosas estaban a salvo en la taquilla que le había costado sangre, sudor y lágrimas conseguir. Literalmente.

Aún le quedaban un par de clases más hasta poder decir adiós a aquella institución e irse a hacer una muy necesitada siesta en su habitación. En una cama y tal.

Ya en clase, se dedicó a mordisquear el lápiz mientras intentaba averiguar si aquellos garabatos en la pizarra pertenecían a algún idioma en especial o eran jeroglíficos que se había inventado el profesor de turno para complicarle más la vida a los alumnos.

—¿Ahí pone avión? —preguntó al compañero de al lado después de codearle.

El otro chico se encogió de hombros, tan perdido como él.
Hyoga suspiró derrotado, desviando sus ojos de la pizarra hacia el exterior. El cielo estaba azul, las nubes eran blancas y perezosas. Los pajaritos cantaban y el sol calentaba la tierra.
E Ikki no había vuelto a la residencia.

El ruso torció el morro. ¿Cuándo se dignaría a volver aquel mamarracho? Ya habían pasado tres días, tiempo más que suficiente para hacer lo que fuera que se hubiera ido a hacer.
La campana le sorprendió. Que él supiera había empezado a mirar por la ventana a mitad de clase...

Se giró para mirar si los jeroglíficos seguían en la pizarra, pero estaba perfectamente limpia.
Hyoga siempre había dicho que los lunes no eran su día, pero aquel se llevaba la palma.

No había forma de concentrarse en nada sin que Ikki apareciera en sus pensamientos.


Well, the phone don't ring 'cause my friends ain't home.
I'm tired of being all alone
.


Ikki estaba sentado en su cama, mirando insistentemente el teléfono, que de alguna forma extraña no quería sonar.

—¿Por qué? —se preguntó enfurruñado.

Siempre que se quedaba en la residencia de estudiantes le llamaban al menos dos o tres amigos para ver si iba a pasar el fin de semana en casa.

—¿Y hoy por qué no? —interrogó al aparato, estirándose en la cama y entrecerrando los ojos, dejando la cabeza casi al borde de la mesita de noche donde reposaba dicho teléfono.

Ikki se sentía de alguna manera estafado.
Volvió a tumbarse en la cama, agarró el cigarro que había estado esperándole en el cenicero y dio una calada larga. Miró como el humo formaba jirones semitransparentes que se dirigían con parsimonia hacia la ventana, hacia un cielo azul.

Ladeó sus labios. La última disputa entre ellos dos había sido por fumar en la habitación de Hyoga.
Miró el cigarro con algo de aprensión.

—Tendría que dejar de fumar... —admitió.

Después de todo el rubio no era el único que le reprendía por aquello. Pero era el único que le sacaba de sus casillas al hacerlo.


Got the TV on 'cause the radio's playing songs that remind me of you.


Pensar en Hyoga era algo que Ikki no quería hacer. Después de todo, si se había ido a pasar ese par de días al pueblo era por que quería dejar de ver su cara al menos durante unas cuarenta y ocho horas.

Ikki se dedicó la mayor parte del domingo a ayudar a su padre en el garaje. Estaban de limpieza general.
El trabajo fue algo entre divertido y tedioso. La compañía de su padre siempre le había causado la misma sensación, así que no le extrañaba pasárselo así con él.
Pero aún con todos aquellos trastos esparcidos por el jardín, cosas que le evocaban recuerdos de su infancia, no podía dejar de lado aquellos ojos azules que le acosaban en los momentos menos esperados.

Enfadado por el rumbo de sus pensamientos se encerró una hora en su habitación, con la radio puesta y la ventana abierta. Otra vez fumando.

—Maldito estúpido que no se merece que le llamen hombre... —refunfuñó Ikki cuando comparó el azul del cielo con el de los ojos del ruso.

Él los tenía más claros y más bonitos. Afirmó antes de volver a refunfuñar, sintiéndose un cursi.
En la radio, una canción acababa de nombrar unos ojos azules como el cielo. Ikki frunció el ceño. A lo mejor por eso había pensado la ñoñez que se le había ocurrido.
Cambió de emisora. Una canción en ruso. Volvió a probar suerte. Esta vez emitían una canción de uno de los grupos favoritos de Hyoga. La tercera vez, Ikki se mordía la lengua.

“Yeah, I'm trying to concentrate but all I can think of is-”

El moreno no dejó que el cantante terminara la frase.

—Mierda.

Apagó la radio, encendiendo la televisión para ver si le podía ofrecer alguna clase de entretenimiento libre de rusos.


I've been driving up and down these streets, trying to find somewhere to go.
Yeah, I'm lookin' for a familiar face but there's no one I know.

Supuestamente, Ikki pensaba volver a la residencia de estudiantes el domingo por la tarde, pero las ganas de enfrentarse a Hyoga eran cada vez menores.
 

No era que lo odiara o algo así. Al revés, lo consideraba uno de sus mejores amigos... Pero lo tenía más en cuenta que a los demás. Cada pequeña cosa que dijera o hiciera aquel ruso del demonio lo podía llevar del infierno al cielo y de vuelta, pasando por un par de limbos diferentes cada día.

Aquello no era para nada normal y no era forma de vivir. Ni Esmeralda, su ex-novia que siempre tendría un lugar especial en su corazón, le había afectado tanto. Ella simplemente le parecía como el lugar más hermoso en el que estar.
Hyoga tenía muchos más aspectos que tener en cuenta. Era mucho más difícil de entender, mucho más difícil de cuidar.

—Maldito pato.

Por eso, por que no quería estar tan cerca de él, quemándose con la pared de hielo que envolvía el corazón de aquel ruso mal nacido y contestón, era que su plan había cambiado de destino.
Era lunes por la mañana y se despedía de su madre con un beso y de su hermano con un abrazo cariñoso. Su padre estaba trabajando a esas horas, así que sin más que hacer, abordó su coche y arrancó el motor.

Se quedó allí, estático, con los ojos perdidos en la nada.

—¡Shun! —gritó asomándose por la ventanilla— Sube, que te llevo a clase.
—Pero darás mucha vuelta... —le recordó su hermano trotando hasta el automóvil y apoyándose en el techo con una mano, agachándose para ver al moreno directamente a los ojos.
—No importa —negó Ikki con la cabeza—. No tengo tanta prisa, vamos.

Shun en se encogió de hombros, subiendo al coche y poniéndose en cinturón. El trayecto estuvo plagado de anécdotas y risas. A Ikki se le hizo corto.

Después de despedirse otra vez de su hermano, el moreno estuvo dando vueltas por el pueblo, conduciendo despacio. Buscando alguien conocido que le diera una excusa para no volver a la residencia tan temprano.
Por suerte o por desgracia, no encontró a nadie que cumpliera con sus requisitos.

—¿Dónde se meten tus amigos cuando los necesitas? Tch'.


Baby when you're gone, I realize I'm in love.
The days go on and on, and the nights just seem so long.


 
Hyoga volvió a entrar en la habitación de Ikki por cuarta vez desde aquel viernes por la tarde, en el que no encontró a su dueño en el interior.

—Mira que no cerrar con llave... —se quejó mientras se sentaba en la cama.

Su cuerpo rebotó un poco. Se agarró al borde y sus ojos se quedaron prendidos al suelo durante un buen rato.
Le echaba de menos, le echaba muchísimo de menos.

Hyoga levantó la mano, poniéndola sobre su pecho. Sus hombros se crisparon y todo lo que podía ver le recordaba a Ikki. Tanto que le parecía oír su voz.
Hacía cerca de una hora que se habían cumplido tres días enteros en los que no veía a Ikki. Cada minuto se le había hecho eterno. Y las noches sin dormir, sin nada que le apeteciera hacer, demasiado largas.

Había estado pensando tanto en Ikki que podría hacer una tesis sobre él. Se había replanteado todo lo que concernía al japonés.
Y tenía que admitir, muy a su pesar, que no era sólo admiración lo que sentía por él.

Hyoga se llevó las manos a la cara, tapando sus mejillas sonrojadas.

—¿Por qué me tenía que enamorar de él?

Even food don't taste that good. Drink ain't doing what it should.
Things just feel so wrong... Baby, when you're gone.


Le había costado lo suyo, pero por fin había llegado a la ciudad. No había conducido tan lento en su vida. Aún así, decidió cenar en algún bar antes que volver a aquel edificio donde Hyoga lo esperaba.

Ikki había ido a un pub irlandés donde sabía que también preparaban cenas. No era la primera vez que acababa allí y las hamburguesas que servían eran las mejores que había probado nunca. Pidió una cerveza para acompañar al menú.

Allí sentado en soledad, escuchando los ruidos del bar y mirando el canal de deportes en la tele, seguía pensando en Hyoga.
La hamburguesa tampoco le alejaba de aquellos pensamientos. El sabor parecía más apagado que las otras veces que había comido allí, como si hubiera perdido el encanto ante algo mucho más interesante.

—Ojalá me lo pudiera quitar de la cabeza... —murmuró mientras veía a una camarera pasar— ¡Eh, otra cerveza! —llamó la atención de la chica mientras movía la botella vacía en el aire.

Hacía un tiempo que tenía la ligera sensación de que lo que le pasaba es que le había picado el bicho del amor. Y no le gustaba para nada.
Al final se quedó para acabar de ver el partido. Las cinco cervezas no le habían nublado la mente tal y como él pretendía.

Ikki volvió a la residencia en el último metro de la noche. En el trayecto bamboleante, agarrado a uno de los barrotes de metal, sus neuronas tuvieron una charla con el alcohol de sus venas, llegando a una conclusión totalmente influenciada por la cerveza.
Si Hyoga le gustaba, lo que tenía que hacer era decírselo. Y punto.

Con esa decisión en mente, entró en la zona de dormitorios, caminando tan recto hacia la habitación de Hyoga que nadie habría sospechado que había estado bebiendo.
Llamó a la puerta un par de veces con tres golpes fuertes y seguidos. No recibió contestación.

Ikki se extrañó. Era tarde y Hyoga solía irse directo a su cuarto después de cenar. Probó suerte con la manilla de la puerta, aunque sabía que el rubio rodaba la llave en cuanto se iba a dormir y que estuviera durmiendo era la única respuesta lógica a que no contestara.
La puerta se abrió. Y allí no había nadie.

Oh, this is torture, this is pain. It feels like I'm gonna go insane.


Ikki había empezado a caminar sin ganas hacia su habitación. Sentía un dolor en el pecho que no le deseaba ni a su peor enemigo. Bueno, en realidad sí que se lo desearía a su peor enemigo, junto con una dosis de dolor físico alta, pero Ikki quería creer que no era tan mala persona.
 


El moreno se apoyó en la pared, a mitad de camino entre su cuarto y el de Hyoga. Pasó la mano por la frente, apartando el flequillo.
¿Por qué justo cuando había decidido declararse iba él y no estaba? Era injusto.

Ikki tragó saliva. Tal vez era una señal y debía dejar las cosas como estaban. Pero Ikki sabía que si no hacía nada, se iba a volver loco antes de que terminase el curso.

I hope you're coming back real soon 'cause I don't know what to do.


Hyoga había cerrado la puerta de la habitación de Ikki despacio, apoyando la frente en la madera durante un rato. No sabía cuando, pero se había quedado dormido en su cama.
Las sábanas olían a él, aún cuando no había dormido en ellas durante tres días.
El ruso suspiró confuso. Ahora que era consciente de sus sentimientos hacia Ikki, no sabía como iba a reaccionar al verle.

Empezó la marcha hacia su habitación arrastrando los pies y jugando con un mechón de su pelo.

Aunque estaba hecho un lío con todo aquello, aunque no quería ni pensar en verlo... estaba deseando que volviera a la residencia para pasar tiempo con él. O tal vez lo ignoraría durante unos días hasta estar seguro de que aquellos sentimientos no eran producto de un arrebato.

—No, no... no lo son. —corroboró al pensar otra vez en él.

Suspiró otra vez. No tenía nada claro qué hacer.

Baby, when you're gone...

—¿Ikki?

El mentado se sorprendió de que le llamaran. Giró su rostro de inmediato, buscando a quien había pronunciado su nombre. Y mayor fue su sorpresa al ver que había sido Hyoga, que ahora le miraba confundido a pocos pasos de él.
Tal vez no estaba todo perdido... igual podía hacer algo con aquel sentimiento improductivo.

Hyoga no sabía que más decir o hacer. Toda la ira que había acumulado el viernes se había convertido en esos tres días en ansiedad por verlo.
Y sin embargo, ahora que lo tenía delante lo único que deseaba era salir corriendo. Pero tampoco muy lejos, no fuera que lo volviera a perder de vista.

Ikki apoyó el hombro en la pared, dejando su cuerpo aún recargado sobre el muro, pero de lado. Cruzó los brazos y sonrió.

—¿Me has echado de menos? —curioseó tentativamente. Aunque suponía que Hyoga lo mandaría a la mierda.

El rubio, lejos de mandarle a cualquier parte, se sonrojó violentamente. Cerró sus dedos sobre las palmas de sus manos, apretando los puños contra sus costados. Agachó la cabeza, clavando su mirada en el suelo a sus pies.

—Pues sí. —informó Hyoga antes de empezar a caminar hacia su habitación.

Ikki se quedó tan anonadado que no acertó a reaccionar en aquel momento.
Cinco minutos después, los pasos del ruso ya no resonaban por el pasillo y el cuerpo de Ikki se dignó a moverse, mirando fijamente aquella esquina por la que había doblado el menor.
Si iba a conseguir más reacciones como esa, le merecía la pena irse más fines de semana a aguantar a sus padres.

Por su parte, Hyoga se quedó delante de la puerta de su habitación, sin ingresar al cuarto. Después de dos segundos de reflexión volvió corriendo por donde había venido.

—¡No está! —gimió cuando llegó al punto donde había intercambiado tan pocas palabras con Ikki.

No se demoró mucho, echando a correr de nuevo por el pasillo, con un destino fijo.

Ikki estaba bostezando cuando alguien le agarró del hombro y obligó a su cuerpo a pivotar sobre un pie. No perdió el equilibrio de milagro.
Los puños de Hyoga asieron su camiseta por el pecho y sus labios se estamparon como las olas del mar sobre las rocas de un acantilado.

Ikki se preguntó si no sería que en realidad sí que había bebido más de la cuenta y ahora tenía alucinaciones, pero las cervezas tampoco subían tanto... ¿verdad?

—La próxima vez que te vayas... —susurró con un tono amenazante— por lo menos avisa. Que hay gente que se preocupa por ti.

Hyoga soltó la camisa de Ikki, levantando las manos abiertas. Tenía los labios apretados y los ojos muy abiertos, en una mueca que al japonés se le hizo la mar de graciosa.
El ruso se fue por donde había venido, con la misma fuerza, pero sin llegar a correr. Ikki no pudo contener una carcajada de puro placer. Chocó su mano contra la frente, revolviendo su propio flequillo.

Definitivamente tendría que haber hecho ese viaje antes.
Tags: !fanfiction, !fic: oneshot, category: romance, fandom: saint seiya, genre: yaoi, pairing: ikki/hyoga
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